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Christian Aylwin, terapeuta
Para canalizar energías sanadoras


Por M. de los Angeles González I.

Revista Vea

Después de muchos años, este ex vendedor de seguros dejó todo para dedicarse a practicar lo que se ha denominado “medicina cuántica”. A través de la energía que pasa de sus manos al paciente ha conseguido dar tratamiento a las dolencias contra las cuales la medicina alópata poco o nada ha podido hacer.

Vestido de blanco, lo encontramos a las 9 de la mañana regando el jardín de su casa. Acogedor y carismático este terapeuta recibió a VEA para conversar acerca de su técnica que llaman “medicina cuántica”. “Me pusieron el apodo de cirujano cuántico, porque trabajo con energía, pero yo me considero un terapeuta, un canalizador, por el hecho de traspasar a otras personas y circunstancias esa energía

que llega generosamente”, dice Christian aclarando que no fue idea de él el nombre de la terapia con que sana los dolores del alma y del cuerpo. Está convencido de que “nuestras enfermedades son provocadas por las vicisitudes de la vida. Son decretadas por nuestras mentes sin que lo sepamos, pero al mismo tiempo con esa misma capacidad podemos revertirlas, decretándolo”.

Y así lo confirman algunos de sus pacientes contactados por VEA. Hugo Domínguez, un hombre de 64 años, asegura que ha recuperado un 20 por ciento de la capacidad de su corazón, el que hace unos años sólo funcionaba al 23 por ciento. Tres meses de terapia con Christian han provocado esta mejoría que parece un milagro, porque los doctores le advirtieron que lo más probable es que su corazón se vaya deteriorando a medida que pasan los años, nunca mejorando. Sin embargo, los exámenes confirman la regeneración de sus tejidos.

Marta Veloso es otra de las personas que valora la “medicina cuántica”. Su nieto nació con una atrofia muscular espinal severa, el diagnóstico médico no podía ser peor, el niño no sobreviría. Entonces consultó con Christian, quien lo ha tratado durante los dos últimos meses, logrando que la criatura ya mueva sus brazos y piernas, así como también la cabeza, algo que ningún facultativo creía posible.

Hijo de un primo hermano del ex Presidente Patricio Aylwin, cuenta que no tienen una relación cercana aunque lo conoció cuando “era chico”. Sin embargo, una vez decidió ir a verlo y el ex mandatario lo recibió en su casa. “Fue muy amable y tuve la oportunidad de conversar con él, pero había otras personas también. Me gustaría poder hablar con él a solas, porque tengo muchas cosas que comentarle... es una figura que desde chico admiré por su probidad, sé que ese tipo de gente se echa de menos y para mí es muy, muy querido”. 

Aunque hoy a los 56 años reconoce que no ha sido fácil su camino. Atrás quedadaron las dolorosas historias de rupturas –dos relaciones de pareja–, así como también el trabajo como corredor de seguros que le proporcionaba una vida mucho más holgada que la que lleva ahora. Pero no se arrepiente. Desde su adolescencia sabía que algún día tendría que optar por el camino que le señalaban sus sueños recurrentes. “Tuve una visión cuando era muy chiquitito junto con mi madre y mi abuela. Pero siempre pensé que había sido un sueño maravilloso y hace poco tiempo, descubrí que no lo era. Conversando con mi mamá se lo conté y ella me reveló que en realidad no lo era, que su madre, ella y yo habíamos vivido esa situación”, relata Christian.

¿Y qué era lo que usted creía sueño?

–Veía una cruz en el cielo, como era chico para mí no tenía ningún
significado críptico, no estaba contaminado con creencias religiosas como para decir quiero ver a Dios, pero lo vimos todos y eso me marcó y supe que después de contemplar esa maravilla no había otra posibilidad que estar conectado con esa sensación.

¿Cuándo sintió por primera vez que tenía la capacidad de canalizar energías?
–Creo que fue como a los 16 años. A esa edad tomé conciencia de que en mí había algo muy distinto que no encajaba con mis pares. Sin embargo, desde los 7 años –como un juego–, cada vez que tenía un dolor me pintaba de azul energéticamente. A mis amigos les decía que lo hicieran y, sin entender realmente la idea, se pintaban literalmente de azul... Por supuesto al final me retaban a mí, porque yo era el de la idea.

¿Cómo asumió “esa diferencia” a los 16 años?
–No me gustaba. Me sentía entre la espada y la pared, quería hacer la
vida normal, pololear y al mismo tiempo, una parte de mí me tiraba hacía la vida espiritual.

¿Cómo lo resolvió?
–Todavía no lo hago (ríe abiertamente y luego continúa). La verdad es que primero con bastante comodidad, salomónicamente diría yo. Un
cincuenta por ciento de mí estaba en el mundo espiritual y el otro cincuenta en el terrenal. Hasta que después de un sueño supe que tenía que dejarlo todo, incluso mi familia y continuar mi camino. 
Así llegó a la Fundación López Pérez y se ofreció para atender gratuitamente a los enfermos de cáncer, a quienes ayudaba disminuyéndoles el dolor tanto físico como espiritual. Hoy atiende en su casa a pacientes que presentan diversas molestias, traspasando energías al poner las palmas de las manos sobre el cuerpo de modo de activar lo que los orientales llaman kundaline –energía vital– que se ubica en la médula ósea.

¿Usted es un canal energético?
–Ni siquiera eso. No un canal, soy como un celular, como una antena parabólica. Eso y nada más que eso. Soy un vaso comunicante.

¿Y quién es el emisor de esa energía?

–No lo sé. Nunca lo he sabido, pero sí lo intuyo y, aunque suene raro decirlo, es la energía y la potencia del amor de Díos... Es esa sensación enorme, todopoderosa la que me embarga, me inunda y si no es ella... es algo muy parecido a ella.

¿Nunca ha tenido la inquietud de precisarlo?
–Para qué. Si lo que me ocupa es que mis pacientes queden sanos. Soy un instrumento de esas energías, ellas me indican dónde poner mis manos, qué extraer, qué colocar. Todas las terapias son distintas. Lo importante es que la gente llega muy complicada y se va feliz, sin anomalías..., pero no todas y en eso quiero ser enfático.

¿Cuándo no mejoran?
–Hay un 2 ó 3 por ciento de los pacientes que no han tenido resultado.
Pueden salir de mi consulta impecables y al llegar a casa vuelve el dolor y eso provoca un poco de desazón, porque te das cuenta que la persona no estaba tan involucrada con el terapeuta o con ella misma.

¿Para someterse a esta terapia hay que tener voluntad?

–El que venga, que lo haga a sanarse. De una vez, nada más. No se trata de venir una vez a la semana. Las personas llegan a sanarse o a morir.

¿A morir?
–Hay personas que han llegado y tres días después han fallecido, pero lo importante es que les he enseñado lo fantástico que viene a
futuro, porque tienen que partir para evolucionar. Mejor lugar que ese no van a encontrar. Y si se tiene que quedar, se van sanos. Pero si se van lo hacen con tranquilidad, porque además les indico lo que deben o no deben hacer cuando estén desencarnados y lo que podría suceder con sus familiares, los que quedan aquí, y hacerles entender que lo que los afecta no es una pérdida, si no una transmutación.

¿Al realizar la canalización usted puede saber si la persona va a
morir o se sanará?

–Primero hago lo que llamo un “escáner”, un recuento de cómo están
las energías distribuidas en el cuerpo. Cada órgano tiene una polaridad distinta al otro y esa misma relación hace que el todo funcione perfectamente bien. Si algo se desordena, llegan los síntomas y se pierde la salud.

¿Cómo realiza el escáner energético?
–Paso las manos –palmas hacia abajo– por el cuerpo del paciente a un metro y medio de distancia. Estas emiten energía como si fuera una estufa y si está sano desde el cuerpo se devuelve a las palmas de las manos con la misma o mayor intensidad. Si hay algo que está fallando esto no ocurre, no hay retorno energético. A esto es lo que yo llamo hacer un escáner energético.

¿A qué se debe que no haya retorno de energía? 
–Puede ser que haya una anomalía, un vórtice energético mal configurado o desadaptado. Eso lo voy registrando de modo de saber exactamente dónde está la falla.

¿Y cómo inicia el proceso de sanación?
–Los procesos de sanación no son todos iguales, pero vamos a tomar un ejemplo básico. Lo primero es invocar la ayuda superior para lograr los objetivos. La persona tiene que contactarse con la madre tierra para descansar, sentirse parte de ella y en ella. Posteriormente, uno se comunica con la superioridad y eso se hace con una pequeña invocación. Luego se revisan cada uno de los chacras –canales de energía– para alinearlos. Comienzo por el de la frente y termino con el
del sexo y junto éste con la coronilla para sellarlos.

¿Y el escáner?

–Viene ahora. Repaso desde la punta de los pies hasta la punta del
pelo a mi paciente y una vez que detecto las anomalías, con un láser que sale desde mi dedo, que actúa desde la base de la nuca hasta el cóccix, activando el Kundaline, una espiral energética, eso es vida. La energía vital sube y baja dentro de su columna vertebral y la hace sentir una sensación muy parecida al orgasmo. De esta manera se van sellando las fisuras del etéreo que es lo que envuelve
el físico.

¿Qué causa estas fisuras en el cuerpo etéreo?
–El tomar, el fumar, los malos ratos, las pérdidas, las penas... Las provocan y a través de ellas se va perdiendo energía. Con esta terapia yo sello esas fugas y como se han alineado los chacras, la energía fluye, se aloja en la médula ósea y te nutre. 

¿Y ahí termina la terapia?
–No, una vez activado el Kundaline viene lo que he denominado el
arrastre. Es como si una gigantesca pala retroexcavadora sacara todo lo malo desde la punta del pelo hasta los pies, todo mal recuerdo, pena, un dolor, humillación... que hayan quedado grabados en el subconsciente. Una vez que son sacadas quedan acumuladas en el terapeuta como en la bolsa de un canguro. para mí son muy respetables, son los hijos de las personas, son sus penas, pasiones
añoranzas...

¿Y qué hace con ellas?
–Voy a la playa y me zambullo y ahí quedan las que quieren ser parte
del mar.

¿Y las que no?
–Me voy a la montaña y ahí deposito las que quieren ser parte de esa
naturaleza.

 
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